
Que mala onda, ya ni mis abuelitos se salvan de las desgracias naturales...
Sin falta, desde hace más de cinco años, don Tomás Basto Wilbert, de 73 años, llegaba cada sábado trajeado, de sombrero y con su bastón a la plaza de la Ciudadela en busca de su pareja de baile: la rubia con el número 122.
Las canciones de la Sonora Matancera eran sus favoritas.
Pero la tarde de ayer la lluvia y el viento que azotaron la ciudad de México provocaron la caída de un rayo que le quitó la vida y dejó gravemente heridas a cinco personas más.
Eran las 16:15 horas y la orquesta Aragón había dejado de tocar. Muchos de los bailadores se resguardaron de la lluvia que comenzaba a caer.
Don Tomás se sentó en una jardinera, abajo de un gran árbol situado frente al teatro Ciudadela.
"Se oyó un tronido bien fuerte, seco. Una señora cayó hecha rosquita y otros bien extendidos", narró Jorge Apolo Vázquez. Todos quedaron asombrados por las huellas que dejó el rayo en el tronco.
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