4 feb 2007

Una Lección Para Javier Alarcón


Esto es absolutamente personal. No tiene nada que ver con Televisa, esa gran empresa a la cual estoy profundamente agradecido y en donde aprendí mucho. Esto tiene que ver con ese monstruo de vanidad y egocentrismo en que se ha convertido un joven al que durante algún tiempo creí brillante, y que hasta me di el lujo de permitirle que seleccionara sus notas para el noticiero de Guillermo Ortega, a pesar de que tenía que haberlo supervisado más profundamente.


Vamos regresando de unas vacaciones, y lo primero que hice fue tomar el teléfono para felicitar a mi amigo Raúl Orvañanos quien a partir de ya, se va a Fox Sports, siguiendo lo que debe de haberle indicado su dignidad como ser humano y su calidad como periodista.


Porque ahora resulta… Que Javier Alarcón, que cree que es Televisa Deportes (se roba el concepto que desarrolló Rafael Bustillos con mi apoyo), se le olvidó que en la vida hay que ser agradecidos y que mucho de lo que es, se lo debe al hombre que lo sacó de ser un “Don Nadie”, que lo incluyó en su programa “En la Jugada” (así se llamaba antes de que por razones mercadológicas se le quedara sólo “La Jugada”) y lo proyectó apoyándolo en las Copas Mundiales de Italia 90, Estados Unidos 94 y Francia 98, quizá como a nadie.


Hoy el imberbe Alarcón cree que se merece todo. Y además está convencido de que ha trabajado como nadie para lograrlo. Yo lo dudo. A mí no se me olvida haberlo visto jugar a los push ups en el estudio de Televisa Deportes, o colgarse de las barras del segundo piso del estudio, haciéndose el chistoso, que, ¡vaya que si lo era! Eran otros tiempos, era una persona normal.Pero, decíamos que esta vez se le atragantó el pastel. La humillación a Raúl Orvañanos a quien sacó del estudio durante el Mundial, para “atascarse” con sus invitados de a “300 mil dólares por cabeza” y de allí para arriba, no tiene perdón.


Orvañanos ha sido una figura emblemática, un hombre que goza de un enorme prestigio bien ganado. Y mire que tras la salida de Alejandro Burillo de Televisa, se quedó, digamos, como bailando en la cuerda floja. Hasta que “el hijo prodigo” lo tiró. O más bien, quiso tirarlo. Raúl está más allá de eso.Pero a nadie debe de extrañarle.


Se lo hizo a Sonny Alarcón, vivo y muerto. Y a la familia de Sonny. Ya siendo director de deportes, ni siquiera se molestó en ver que a la viuda se le pagara el seguro de vida. Eso tuve que hacerlo yo.


A Alarcón se le dieron todo tipo de prerrogativas para que creciera. Lo hizo Fernando Schwartz, lo hizo Teodoro Cano, lo hizo Francisco Posada, Domínguez Muro y hasta yo. Estábamos creando un monstruo, que, como tenía que ser, algún día se iba a salir de control.


Seguro que habrá quien me insista que me sigue sangrando la herida. Tal vez, pero no miento. Si acepté renunciar a Televisa, (renuncié, no me corrieron), fue porque mi trabajo le estorbaba al joven maravilla y porque lo que menos quería era poner entre la espada y la pared a quien con tanta gentileza me trató en esos extraordinarios años de trabajo, Ricardo Pérez-Teuffer, quien ha proyectado el área de eventos especiales a otro nivel.


¿Pero que explicación va a dar Alarcón al señor Emilio Azcárraga? ¿Con qué mentira va a cubrir el hueco que por su voracidad va a quedar en el área? Ya sabemos que hay necesarios, Raúl Orvañanos era uno de esos y lo trató con la punta del pie. Raúl hace lo que debemos hacer todos, al menos una vez en la vida, porque ya lo dice aquel viejo dicho, que más o menos va así: El que por mantener el trabajo pierde la dignidad, termina por perder el trabajo y la dignidad…


Por supuesto que Orvañanos no lo iba a tolerar.


Pero, mi estimado jovenzuelo, no se te olvide que el mundo da muchas vueltas, la experiencia nos ha enseñado que ni Xavier González, ni Pablo Cañedo, ni Fernando Schwartz han sido inamovibles. Espero que disfrutes tu sucio éxito a costa de quienes confiaron en ti y les mordiste la mano, porque nadie en la historia de esa oficina donde hoy te sientes omnipotente, ha hecho tantos enemigos como tú.


Despedazaste la carrera de los que te enseñaron como Anselmo Alonso, Daniel Rentería, Heriberto Murrieta, Gerardo Valtierra, Félix García, Arturo Rivera, Roberto Sosa, Juan Dosal o Fernando Schwartz. Crees que compras conciencias dando migajas a los verdaderos grandes como Enrique Bermúdez, Antonio de Valdés, Alfonso Morales o Enrique Burak. Has atentado contra los que te mostraron cómo se hacen las cosas como Orvañanos, Benjamín Hidalgo o Rafael Bustillos, y hasta a Raúl Sarmiento al que llamas amigo, crees que desplazando a la gente que labró un camino y forjó una recia institución; poniendo a esos jovencitos que se someten a tus caprichos con tal de conseguir la chamba, tienes la silla asegurada.


Yo lo dudo.


Pero hoy, hoy te han vuelto a mostrar la calidad moral y la clase que debe de tener un Señor. Ojalá que en estos 14 años, le hayas aprendido algo a Don Raúl Orvañanos.

Publicado en La Crónica de Hoy

Por: Edgar Valero Berrospe
Miercoles 26 de Julio de 2006

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